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Saludo al can

Es una antigua tradición naval internacional quemar la pólvora en salvas de cortesía. Antaño con esto se quería demostrar la intención pacífica que se tenía hacia el saludado, lo que era además y al mismo fin, acompañado con otros actos que dejaban a la embarcación sin maniobra inmediata, como arriar velas, bracear vergas o arbolar remos.

En nuestra Armada ya en 1814 el Almirante D. Guillermo Brown saludaba al cañón cumpliendo con la costumbre internacional, la que establece que el número de salvas debe ser siempre impar, quizá por la vieja superstición de que los números impares traen suerte.

Dado el gran tiempo de carga de los antiguos cañones, desde esa época y por años los ingleses impusieron a las naciones más débiles el efectuar primero el saludo. Pero en el siglo XX se impuso como base del principio de igualdad de los estados, la contestación del saludo salva por salva.

Ese mismo país reconoció desde los primeros tiempos como saludo nacional siete cañonazos, los que eran contestados desde tierra a razón de tres por uno, es decir veintiuno, pues en esos días la calidad de la pólvora a base de nitrato de sodio era más difícil de mantener a bordo que en tierra. Al pasar el tiempo y mejorar la calidad de las pólvoras y de las santabárbaras, se igualó el número de cañonazos entre el buque y tierra.

En la Armada Argentina este número de 21 cañonazos como saludo corresponde al Presidente de la República, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, así como también al arribar y zarpar de puertos extranjeros reconocidos como "plaza de saludo" y también al afirmarse el pabellón de un buque y cuando éste arriba por primera vez a puerto argentino.

Cabe aclarar que es nuestra norma efectuar este saludo sólo cuando se encuentra el Pabellón izado y que mientras duran las salvas el personal efectúa el saludo militar y en navegación, de ser posible, se cubre el rol de honores.